Fuente: GANA PERÚ.
De los años 90 para adelante el narcotráfico y el lavado de dinero y la corrupción vienen creciendo y carcomiendo todas las instituciones del país. El narcotráfico continúa creciendo y la corrupción anda suelta de brazos, amparadas en la impunidad
La violencia es hoy la gran preocupación de la familia peruana. Las cifras de la criminalidad van en aumento y muchas familias viven angustiadas porque sus hijos ya han sido agredidos.
La falta de oportunidades de estudio y de trabajo dan sustento al crimen, la corrupción y el narcotráfico.
El narcotráfico se ha convertido en una amenaza a la seguridad nacional. Hoy día somos el segundo país exportador de cocaína a nivel mundial, esto es posible porque la corrupción penetra en las zonas cocaleras y corrompe a las autoridades.
Ante la gravedad de la situación proponemos crear la Oficina del Alto Comisionado presidencial con rango de ministro, para que conduzca la estrategia de erradicación del narcotráfico, particularmente en las zonas del VRAE y del Alto Huallaga.
Se requiere aumentar la inversión estatal, generar mercados locales y regionales para separar al poblador rural de las redes del narcotráfico.
La generación de empleo es fundamental para que los jóvenes no encuentren en el delito una forma de vida.
Crearemos la policía rural con carácter móvil en las poblaciones pequeñas y alejadas. Las rondas campesinas y los comités de autodefensa serán protegidas y capacitadas.
Poner mano dura contra la delincuencia, exige medidas claras comenzando por construir más comisarías y tener más policías capacitados en las calles, para lo cual debemos terminar con el régimen de 24 por 24 de los policías, respetar su cédula viva y darles aumento salarial.
En materia penal debemos aplicar la cadena perpetua a los violadores de menores de edad y reformular el sistema penitenciario para que las cárceles sean centros de trabajo y no locales de campaña para delinquir.
Separaremos a los autores de pequeños delitos de los delincuentes prontuariados para que las cárceles no sean escuelas del delito.
El punto de partida de la cruzada por la paz y contra la violencia es acabar con la impunidad de la corrupción, aplicar penas agravadas contra los corruptos, especialmente a los políticos para que el ejemplo empiece por los que gobiernan. Así lo haremos. Tienen mi palabra.
Según Naciones Unidas la producción de cocaína en el Perú en el año 2000 fue de 141 toneladas, en el 2005 de 260 y hoy es cerca de 300 toneladas, al mismo tiempo personas vinculadas al narcotráfico aparecen financiando campañas políticas y algunos candidatos evocan la legalización de las drogas sin medir las terribles consecuencias de este flagelo para nuestras familias.
Crearemos el servicio policial voluntario para todos los jóvenes que deseen hacerlo, esto les permitirá acceder a las escuelas de los policías y tendremos comisarias más eficientes e interconectadas para dar un servicio de calidad a la ciudadanía.
Si no se habrían aplicado sobreprecios -según la alcaldesa de Lima- a las obras realizadas en la capital, hubiésemos multiplicado por dos el número de comisarias en Lima.
La impunidad es el mensaje que alimenta el crimen y destruye las bases de la sociedad. Acabar con la impunidad exige restablecer el rigor y la aplicación de la pena es así que la sociedad dominará la delincuencia y no al revés.
Impedir la configuración de un narcoestado es prioridad para comenzar a reducir los índices alarmantes del crimen. Atacar sus fuentes de financiamiento como el lavado de dinero y los vínculos con la política permitirá restablecer un Estado democrático y de derecho. La diferencia con mis principales adversarios es que cuando fueron gobierno tuvieron la oportunidad de hacer lo que ahora prometen y no lo hicieron. El continuismo que representan es un verdadero retroceso.
Lima, 03 de abril de 2011.
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