Lo sucedido en Chile en este último fin de semana, nos deja clara evidencia de la preocupación que esta existiendo en nuestro planeta, especialmente para los países que sufren esta desgracia, y el Perú como sabemos nos ajeno a ello, lo sucedido en el 2007, nos demuestra lo terrible que puede ser cuando se pierde centenares de vidas humanas, como las cantidades de damnificados que va dejando a su paso. Nada puede reparar la tristeza de la persona que lo ha perdido todo, una madre que perdió a su hijo, un padre que nunca llego, ó un hijo que no pudo vivir gran parte de su vida, son ejemplos que se ven quizá en el día a día, pero imagínense ustedes cuando esto se multiplica en cientos de cientos, por causa del terremoto, esto es y seguirá siendo así, y el hombre no lo podrá cambiar ni con la mejor tecnología que pueda existir.
El caso de Haití nos deja reflejos aún más lamentable con la pérdida de 200.000 vidas de un país que ha vivido históricamente la pobreza extrema por las explotaciones y la esclavitud sufrida por largos años, y que de un momento a otro se ve sumergida en el llanto de la impotencia que parece ser perpetua e injusta. Y cuando creíamos que ya lo habíamos visto todo Chile padece hoy en carne propia, la muerte de cientos de sus ciudadanos que iban perdiendo la vida mientras dormían, ahora la desesperación crece y los saqueos son parte de ese reflejo. Ni las millonarias inversiones bélicas pudieron proteger a Chile del ataque de la naturaleza. Y mientras esto pasa muchos de nosotros nos preguntamos: ¿Que es lo que está pasando en estos momentos en el mundo?; ¿será acaso el castigo al tanto daño que hemos cometido a nuestro planeta?; ¿podremos despertar el día de mañana?; es momento que reconciliemos nuestra fe a Dios, y hacer un momento de reflexión.
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